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Majora’s Mask cumple 20 años

Ayer fue el aniversario de uno de los Zelda más oscuros, turbios y perturbadores de la saga: The Legend of Zelda Majora’s Mask cumple 20 años.

En este artículo vamos a rendirle tributo a esta espectacular obra, con mucho más trasfondo del que muchos creen.

Un terrible destino, ¿verdad?

Todo comienza poco después de lo sucedido en Ocarina of Time. En este juego, tras salvar el mundo, Link es devuelto a su época, con la edad que debería haber tenido. Los dioses le permiten revivir esos años que perdió cuando viajó al futuro.

Sin embargo, aunque vuelva a ser un niño de unos 12 años, Link ha visto el horror, ha vivido la desgracia, ha soportado la agonía en su lucha por detener a Ganondorf, y lo que es peor. Nadie sabrá nunca de su heroica obra, ya que al evitarlo, la desgracia nunca tendrá lugar.

Es un niño al que arrancaron la infancia antes siquiera de terminar de vivirla. Y por si esto fuera poco, su única amiga, Navi, se marcha de nuevo al Bosque perdido, a donde Link no puede regresar, pues no es realmente un kokiri. Solo y desamparado, se adentra en el bosque perdido, en busca de su única amiga.

Un comienzo trágico, una historia trágica

Siento como el vello se me pone de punta conforme escribo estas líneas, y no es para menos. Esto solo es el anticipo a lo que vendrá a lo largo de este juego.

En medio del bosque, Link es atacado por un curioso ser. Skull Kid, anteriormente su amigo, ahora se comportaba de forma extraña. Llevaba una curiosa máscara, y tras dejar a Link inconsciente, le robó su Ocarina del Tiempo. En cuanto despierta, Link lo persigue para arrebatársela, pero Skull Kid no solo se lleva la Ocarina.

También deja a Link sin Epona, su fiel yegua, y lo maldice, dejándolo encerrado en el cuerpo de un Deku.

Todo parece haberse puesto en contra de nuestro joven héroe. Despojado de su identidad y perdido, persigue a Skull Kid hasta llegar a la extraña tierra de Términa.

En este lugar, tan parecido y tan distinto a la vez a su amada Hyrule, Link descubrirá el terrible destino que sus pueblos van a sufrir por culpa de las travesuras del inconsciente Skull Kid.

El duende ha desatado todo el poder de la Máscara de Majora, y si Link no lo detiene, en tan solo 3 días, una terrible luna caerá sobre la tierra, destruyendo a los pueblos que habitan en ella.

Más profundidad. Más perturbador.

Esta es la premisa con la que el juego comienza, pero no es lo más oscuro, de por sí. La auténtica profundidad del juego está en todos los personajes secundarios que encontraremos.

Ellos pueden ver a la terrible luna, de forma que son completamente conscientes de que, en tres días, van a morir. Cada día que pasa, vemos cómo cambian de actitud. Algunos tratan de huir, intentando en vano ponerse a salvo. Otros deciden aceptar su muerte inminente. Otros, incluso, tratan de evadirse como buenamente pueden.

Por suerte contaremos con la Ocarina del Tiempo, lo primero que debemos recuperar de las zarpas de Skull Kid, lo cual, nos permitirá volver al primer día siempre que lo necesitemos, aunque eso implicará perder todo lo que hayamos conseguido: rupias, bombas…

¿Lo perdemos realmente todo?

El juego nos permite salvar nuestro dinero, por suerte, pero sí, perdemos todo lo demás…

Excepto las máscaras. El juego no se llama «Majora’s Mask» (Máscara de Majora) en vano, pues serán estas las que nos den precisamente el toque de jugabilidad que hacen único a este título.

Las máscaras, una vez conseguidas, quedarán para siempre con nosotros. Tienen múltiples utilidades: desde hacer que nos movamos más deprisa, hasta hacernos pasar desapercibidos entre ciertos enemigos, volvernos gigantes, o transformarnos en individuos de otras especies.

¿Qué son las máscaras exactamente?

Es algo que debemos deducir e intuir nosotros mismos en el juego.

Algunas, las lograremos al completar misiones secundarias, algunas tan apasionantes como la increíble historia de amor imperecedero de Anju y Kafei. Otras, las obtendremos de personajes como Mikau o Darunia.

No todas ellas serán imprescindibles para terminar la historia, salvo que queramos obtener la última y todopoderosa máscara de la Fiera Deidad, que elevará a Link a un nivel de poder casi divino.

Historias sobrecogedoras

Posiblemente, lo más interesante del juego sea vivir las distintas experiencias de las historias que abundan en el juego, encontrar el doble sentido en cada una de ellas.

Ser consciente de que, mientras salvamos a una persona, al mismo tiempo, otra está muriendo en otra de las regiones. De que escoger resolver un problema, hace que otros avancen.

De que, aunque volvamos atrás en el tiempo, esas personas volverán a repetir su sufrimiento, ellos no serán conscientes pero nosotros recordaremos a cada goron que va a morir de frío, a cada simio que va a ser cazado, a cada cría de zora que va a ser vendida como mercancía.

Y sobre todo, de un mensaje, que Majora’s Mask nos va a recordar siempre:

«El paso del tiempo es implacable»

Todo tuvo un comienzo

Diferente al resto de los Zelda en ritmo, cantidad de mazmorras y temática, sin duda, Majora’s Mask merecía una mención especial. Fue desarrollado por Entertainment Analysis and Development, una división de Nintendo, y ni ellos mismos se imaginaban qué iba a suponer esta obra.

Incluso se realizó un cómic sobre este juego, que incluye un preludio no canónico que explica cómo se creó la máscara de Majora. Fue ideado por el autor, que desconocía la totalidad de la historia porque realizó el manga a la misma vez que fue estrenado el juego, y tuvo cierta libertad creativa con esa pequeña historia adicional.

Sin más, os dejo para finalizar un vídeo muy especial. Este fragmento venía incluído en un VHS llamado Nintendo 2000, incluido en la revista Nintendo Acción.

Fue, en el caso de esta humilde escritora de artículos, el primer vídeo que pudo ver de un videojuego de la saga Zelda. El motivo por el que me enamoré perdidamente de esta saga, y me introduje de lleno en el maravilloso mundo de los videojuegos de forma inevitable e irreversible.

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