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Prueba final del Santuario de la Vida: Guía paso a paso

Para acceder a la prueba final tendremos que situarnos en la pared del fondo del santuario, de donde se han ido retirando los cierres. Ahora, basta con mirar hacia el techo y, justo sobre nuestras cabezas, podremos ver una pieza metálica que encaja con el agujero de la pared. Con el Imán la hacemos coincidir y la puerta se abrirá dando acceso a un altar.

Sin embargo, no iba a ser tan fácil. El monje que allí encontramos no se parece en nada a los de los demás Santuarios. Este se mueve y tiene ganas de pelea.

Enfrentamiento contra el Monje Makkosh

Esta batalla también funciona por fases, como la de los demás Jefes Finales, pero tiene una particularidad. En lugar de que el combate se divida en dos fases en las que los ataques del enemigo van siendo más agresivos (hasta la mitad de la vida y de ahí en adelante), en esta batalla hay múltiples fases. El Monje Makkosh va cambiando de ataques e incrementando la fuerza de estos conforme su vida se va reduciendo.

La batalla comienza con el Monje Makkosh  atacando a bastante velocidad, prácticamente se teletransporta como lo hacía la Ira del Rayo. Con ayuda del Escudo de Daruk somos capaces de frenar el ataque e, incluso, de aturdirlo momentáneamente para atacarlo y restarle vida. El problema de esta técnica es que solo nos vale en tres ocasiones. A partir de ahí habrá que tratar de frenarlo con un escudo normal y, en ese caso, no se queda aturdido sino que se escapa y vuelve a embestir. De vez en cuando, desaparece como hacen los esbirros del Clan Yiga y, en ese momento, sabemos que intentará atacarnos con todas su fuerzas desde arriba. Esquivar este ataque no es complicado, porque aunque no sabemos dónde va a caer exactamente, cuando escuchemos su grito nos apartamos de la zona en la que nos encontrábamos y esquivamos el ataque.

Este procedimiento se repetirá hasta que le desaparezca el primer cuarto de vida. Ahora incrementa nuevos ataques a los dos que ya conocemos. En este caso se trata de un tornado que nos persigue por la plataforma. Cuando el tornado nos alcanza, salen del suelo unas rocas que nos hacen saltar por los aires además de quitarnos vida. Esquivar este ataque es también sencillo, basta con abrir la Paravela antes de que nos toque el aura roja de la base del tornado. El aire nos impulsará hacia arriba, mientras que las rocas saldrán del suelo sin dañarnos. El verdadero problema viene cuando el Monje Makkosh intercala este ataque del tornado con el de moverse a la velocidad de la luz para asestarnos un golpe. Si queremos esquivar este combo, tendremos que usar la Paravela cuando estemos cerca del tornado y soltarla nada más veamos las rocas aparecer, de modo que el Monje Makkosh lanza su ataque pero caemos antes de que nos de a nosotros. Tratar de golpear al monje en esta fase del combate es bastante complejo, por eso la mejor solución es usar la Ira de Urbosa.

Cuando conseguimos golpearle unas cuantas veces más, el Monje Makkosh hace réplicas de sí mismo. Para conseguir paralizarle hay que golpear al original, el problema es que no se diferencian. Sino, la otra opción es eliminar a todos hasta encontrar el original, siempre teniendo en cuenta que son nueve enemigos que atacarán en grupo o cada uno lanzará diferentes ataques, incluidos ataques con flechas de diferentes tipos. En esta fase la Ira de Urbosa también nos vendrá muy bien ya que podemos eliminar las réplicas con un solo ataque, el problema es que solo tenemos tres intentos y puede que ya los hayamos gastado en la fase anterior. En ese caso, tendremos que esperar que se recargue, lo bueno es que ahora lo hace en menos tiempo y entre tanto podemos tratar de eliminar las réplicas con bombas.

Cuando llegamos a la mitad de la vida el Monje Makkosh se hace gigante y sus ataques empiezan a ser rayos láser como los de los guardianes. De nuevo este tipo de láser es fácil de esquivar si nos movemos en el momento preciso. Sin embargo no solo nos ataca de esta manera, también utiliza bolas metálicas con pinchos que trata de lanzarnos. A su alrededor surgen ocho bolas metálicas y las lanza de una en una. Cuando están todas sobre la plataforma invoca una tormenta eléctrica que se concentra en estas bolas, por lo que si cogemos alguna con el Imán y se la acercamos lo dejaremos paralizado un rato para poder atacarlo. Un tercer y último ataque que también tiene que ver con estas bolas es en el que el Monje Makkosh lanza las ocho bolas a la plataforma de golpe y comienza a mover el suelo de un lado a otro, por lo que las bolas van rodando en la dirección que se inclina la plataforma. Esquivarlas dependerá de tener claro donde se encuentran en cada momento.

Cuando conseguimos golpearle unas cuantas veces más añade a estos ataques unas patadas en el suelo que levantan una línea recta de piedras y, si nos acercamos mucho, un golpe seco que hace que el área cercana a su pie provoque que salgas volando.

Cuando ya le quede un cuarto de vida o menos, se quedará de pie sobre la plataforma, por lo que podremos atacarle a los tobillos en repetidas ocasiones. Debemos tener cuidado a los pisotones de su pie izquierdo, con el que tratará de aplastarnos. Además, lanzará a dos de sus réplicas cada cierto tiempo, así que tendremos dos Monjes Makkosh atacándonos cada vez que tratemos de acercarnos a los pies del original. Si no acabamos con estas dos réplicas, cada vez que lance dos más, se irán sumando, así que es una buena idea ir eliminando réplicas para no encontrarnos con muchos Monjes.

Cuando acabamos con él, por fin considerará que somos dignos de usar la reliquia ancestral: la Moto Hyliana Alfa.

NOTA: Ahora no solo tienes una moto para recorrer Hyrule a placer, sino que al final de la secuencia también te regalan una imagen de los elegidos. Si quieres verla más a menudo, tan solo tienes que dirigirte a la casa de Link y subir las escaleras del dormitorio. Cuando te acerques a los pies de la cama, se activará un cuadro de diálogo que te preguntará si quieres colocar la foto en ese lugar.

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Isis Vecino

Periodista y ahora especialmente volcada en gaming y tecnología ¡Por fin!

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